A escondidas en el coche del CCCT
No buscaba líos, pero el chat se volvió adictivo. Quedamos «solo cinco minutos» en el parking del CCCT. Subí a su carro, me besó como si llevara semanas esperándome y metió la mano bajo mi falda. Me masturbó con cuidado mientras vigilábamos, acabé temblando contra el asiento. Luego me monté a horcajadas, rápido y silencioso. Fue sucio, peligroso y adictivo. Volví a casa oliendo a su colonia y con la culpa mezclada con placer. Sé que está mal; también sé que volveré a escribirle.
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